Programa 13. La Cooperación

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La segunda parte
 

La tercera parte
 

Nuestros facilitadores:

La semana pasada cerramos el programa enfatizando la necesidad de

validar los sentimientos de nuestros niños y que no los castiguemos por expresar
cómo se sienten.  Una buena estrategia que mencionamos fue que usted recuerde a
su hijo que le puede contar como se siente, pero no está bien lastimar a otras personas
ni cosas cuando está enojado.

Los niños necesitan practicar durante  mucho tiempo sus estrategias nuevas, de manera que
nosotros debemos recordar darles mucho aliento positivo cuando usan la nueva estrategia.

La cooperación es la capacidad de encontrar el equilibrio entre las necesidades propias y
ajenas. Para nosotros, a menudo la cooperación significa que los niños hagan lo que los adultos
quieren. Esto es obediencia.  La verdadera cooperación consta de un esfuerzo conjunto, en que
cada parte da y acepta de modo que ambas queden satisfechas. Para desarrollar un espíritu de
cooperación en los niños, es necesario que los ayudemos a entender los provechos que
nuestros pedidos y nuestras reglas acarrean para todos.

He aquí algunas descripciones de maneras en que el espíritu de cooperación puede ir
creciendo durante los primeros tres años de vida:

• Un niño de 3 meses se despierta y empieza a llorar porque quiere leche. Su madre está por
poner el último plato en el lavaplatos. Le dice: “Espera un minutito, mi amor. Sé que tienes
hambre”. El bebé se tranquiliza un poco y se chupa los dedos. Está aprendiendo que, aunque
a veces puede que necesita esperar un rato, sus necesidades son importantes y serán
satisfechas. •Un niño de 14 meses echa muy contento calcetines y  camisetas sucias de una
canasta a otra. Su abuela le dice: “Gracias por ayudarme a separar la ropa para lavar.

Ven acá, que voy a ponerla en la lavadora. Te levanto para que toques el botón. Luego vamos
a dar un paseo.” Este niño pequeño está aprendiendo que ser parte de una familia incluye
colaborar para completar los quehaceres diarios. • Dos niños de dos años y medio extienden
las manos para agarrar una sola pala roja en el arenero. Uno la agarra, el otro la agarra. Luego
empiezan a llorar, y cada uno le asegura al otro: “¡Mío!” El padre de uno interviene y suavemente
los separa. Le da una pala roja a un niño y al otro, una topadora de plástico. Les muestra cómo
uno puede cavar un montón de arena y el otro puede echarla en un cubo usando la pala. Estos
niños están aprendiendo a resolver los conflictos, manejar la desilusión y construir relaciones
al jugar en forma cooperativa.

Aquí les presentamos algunas maneras de ayudar a su hijo a desarrollar la habilidad de
cooperación y experimentar las recompensas de la misma. La primera es la alternación o el
turnarse. Entre los 6 y 9 meses de edad, los bebés pueden empezar a relacionarse al dar y
recibir mutuamente. Este es un momento muy bueno para animar el turnarse al jugar con su
bebé. Túrnense echando objetos a un recipiente y volcándolo. A medida que el niño crece,
túrnense agregando piezas a un rompecabezas o formas a un juguete de clasificación de formas.

A la hora de limpiar, haga un juego de turnarse colocando juguetes en el estante.
Estas experiencias le dan al niño la oportunidad de experimentar el placer de
lograr algo cooperando con otro.

 Explique los motivos para sus pedidos y límites.

A los tres años de edad, la mayoría de los niños pueden usar y entender el lenguaje
lo suficientemente bien como para entender explicaciones simples. Señale la manera
en que las reglas resultan provechosas para

toda la familia. “Todos ayudamos a limpiar. Entonces no se nos pierden nuestros
juguetes y podemos volver a encontrarlos más tarde.” “Cuando me ayudas a guardar
la ropa limpia, termino la tarea más temprano y luego podemos jugar.”

Tome el tiempo para resolver problemas.

Usted puede ayudar a un niño de dos años y medio o tres años a idear soluciones para
los dilemas de todos los días, y animar la cooperación a la vez. He aquí algunos pasos
para enseñar habilidades de resolución de problemas a su hijo:

Describa el problema. “Tú quieres dibujar en la pared pero mami te dice que no.”

• Haga una pregunta. “¿En qué otro lugar podrías dibujar?”

• Ponga a prueba una solución. Ofrezca dos opciones,
ambas aceptables para usted: tal vez se puede usar papel
o una caja de cartón. Si su hijo o hija insiste en que quiere
dibujar en el refrigerador, fije un límite. “Yo guardo los
crayones hasta que quedemos de acuerdo en un lugar para dibujar.”

• Luego re-dirija a su hijo a otra meta. La mayoría de los
niños pequeños necesitan ayuda para encontrar maneras
aceptables de canalizar sus deseos. “Puedes poner letras
imantadas en el refrigerador.”

Desde que su hijo es muy pequeño, hagan quehaceres domésticos juntos.

Deje que su hijo al crecer experimente los provechos de la cooperación. Juntos pueden poner
la mesa, guardar los juguetes o lavar el coche. Señale las ventajas de la cooperación. “¡Qué
rápido pusimos la mesa! Ahora tenemos un ratito para leer un libro antes de la cena.” “¡Qué
divertido fue lavar el coche contigo! Puedes frotarlo muy bien. Mira lo brillante que hiciste
que quedara nuestro coche.”

Al encomiar los esfuerzos por colaborar, mencione detalles concretos
Explique por qué y cómo la contribución del niño fue importante. Esto lo ayuda a reconocer y valorar sus habilidades.

“Guardaste todas las medias blancas y las pusiste juntas. Eso me ayudó a terminar
más temprano el guardar la ropa limpia. Ahora tenemos más tiempo para jugar.”

“Guardaste los libros en el estante. Ahora es más fácil escoger uno. ¿Quieres que yo te lo lea?”

Consejos para fomentar el desarrollo social-emocional de su hijo

Relacionándose con las personas, los bebés llegan a conocer el mundo y su lugar en él.
Las relaciones ofrecen el contexto amoroso que es necesario para consolar, proteger y
animar a un niño y fortalecerlo para enfrentar el estrés. Mediante las relaciones, los niños
pequeños desarrollan el bienestar social-emocional, lo que incluye la capacidad de entablar
relaciones satisfactorias con otros, jugar, comunicarse, aprender, hacer frente a dificultades y
experimentar los sentimientos. Además, las relaciones de tierno cuidado son esenciales para
que el niño desarrolle la confianza en otros, la empatía, la compasión, la generosidad y la
conciencia.  El bienestar social-emocional a menudo se denomina ‘salud mental infantil’
entre los profesionales que trabajan con niños pequeños.

En resumen, se trata de la capacidad que un niño desarrolla para experimentar y controlar
los sentimientos, entablar relaciones seguras, explorar y aprender, dentro del contexto de
la familia, la comunidad y la herencia cultural del niño.

Cuide a su niño respondiendo a las necesidades del pequeño.

Elena está dando de comer cereal a su hija de 8 meses, Jessica. La nena agarra la cuchara
de la mano de Elena e intenta darse de comer a sí misma. Elena casi agarra la cuchara, pero
en vez de hacerlo espera 
para ver lo que pasará luego. Los intentos de Jessica para
alimentarse son lentos y la niña derrama mucho cereal, pero logra meter un poco a la boca.
Elena observa que Jessica está absorta en comer por sí misma, pero también nota que la niña
realmente no logra comer mucho cereal. Para resolver el problema, Elena saca otra cuchara y
ofrece cereal a Jessica para complementar los esfuerzos de su hija.

Aunque parezca simple lo que Elena hizo, puede ser bastante difícil. Cuesta tiempo aminorar la
marcha de una actividad y fijarse en lo que hace un niño, u observarlo, a fin de aprender lo que
su comportamiento puede significar. En este caso, Jessica enviaba el mensaje: “Mira, quiero
intentar darme de comer a mí misma con una cuchara. ¡Puedo hacerlo!” Elena tenía que estar
dispuesta a apartar un rato, tolerar un poco de suciedad y encontrar una manera de satisfacer las
necesidades de Jessica, tanto de alimento para nutrir su cuerpo, como de una oportunidad de
intentar algo nuevo – lo que nutre la mente.

¿Con cuánta frecuencia observa usted lo que hace su hijo? Desde luego que la respuesta es:
“Lo observo todo el tiempo.” Sin embargo, a menudo pasamos tiempo con nuestros niños sin
observarlos detenidamente. El observar implica contemplar lo que su hijo hace, escuchar lo que
dice y aprender acerca de su forma particular de abordar el mundo. Por ejemplo, ¿aborda las
experiencias nuevas directamente y sin esperar, o se retira un poco para observar las cosas
nuevas e ir conociéndolas poco a poco? ¿Es muy reactivo y le comunica cómo se siente, o
reacciona poco y es bastante desenfadado? Podemos aprender mucho apartando un rato para
pararnos y observar detenidamente lo que hacen los niños. Así se aprende mucho sobre el modo
de ser de un niño. Estos indicios nos permiten discernir mejor por qué se comportan de cierta
manera, lo que nos ayuda como padres, madres y cuidadores a tratarlos de una manera
productiva que fomente su desarrollo.  Cuando los niños perciben que los comprendemos
y los tomamos en cuenta, desarrollan la confianza y un saludable amor propio.

Trátelos con cariño y ternura.

Sonia levanta al pequeño Jacobo de la bañera. “¡Qué bonito hueles! ¡Qué guapo bebé eres!”,
le dice al envolverlo en un paño suave y seco y darle un abrazo. El nene expresa su deleite
con un chillido y se acurruca en los brazos de su mamá. ¡Qué divertido bañarse! Puedes hacer
chapuzones y jugar cada día en un gran charco con juguetes y eres el centro de atención. A
Jacobo le encanta el tiempo del baño, cuando puede jugar con una pelota y Mami se encarga
de mantenerlo seguro y limpiarlo. El niño sabe que está seguro y que es muy especial para
esta persona en que confía tanto.

Al ver un bebé preciosito, queremos arrullar, gorjear y entretenerlo para ver su maravillosa
sonrisa. Los sentimientos de cariño no surtirán tanto durante los berrinches o el llanto extendido;
pero afortunadamente,

la mayoría de nosotros podemos sentir amor y el deseo de cuidar tiernamente a los pequeños
aun durante los momentos difíciles. Tocar, sostener, consolar, mecer, cantar y hablar a los bebés
son cosas que parecen ser la manera natural de jugar con un bebé o consolar a un niño
perturbado. Tales interacciones son más que un mero juego; también aportan precisamente el
estímulo que el cerebro que crece necesita. Los toques cariñosos y las palabras animadoras
comunican a un bebé que es alguien especial. Cuando se siente amado y aceptado por quien
es, aprende a amar a otros de la misma manera.

Ayude a su hijo a aprender a resolver los conflictos de una manera sana y apropiada.

A Teddy y Brian, niños de 2 años, les encanta el rincón de libros de su guardería. Teddy saca
un libro grande sobre dinosaurios. Cuando Brian divisa este libro interesante, no puede
restringirse y… ¡él también lo 
quiere! Lo saca de las manos de Teddy. ¡Ay, no! Los dos se
enzarzan en una ‘batalla’. Los dos dicen: “¡Mío!” “¡No, mío!” y lloran un poco. La Srta. Kelly
entra al rincón para ayudar a los niños. “Brian, sé que te gusta

el libro de dinosaurios y te sientes triste, pero Teddy lo estaba usando. No es educado
agarrárselo y hacerlo llorar. ¿Qué tal si lo miramos juntos? Yo sostengo el libro, Teddy
puede dar vuelta las páginas, y tú puedes rugir cuando llegamos a la página de los dinosaurios grandes.”

Cerca de los 2 años de edad, los niños están desarrollando la percepción del ‘yo’, y el compartir
cosas puede hacérseles especialmente difícil. Saben lo que quieren cuando lo quieren, pero sus
cerebros todavía no están plenamente capaces de entender los sentimientos o perspectivas
ajenas. El auto-dominio también apenas está empezando a desarrollarse. Aunque los niños de
1 y 2 años pueden entender lo que usted quiere decir

cuando explica que no se debe quitar cosas a otras personas, se les hace difícil restringirse para
evitar exteriorizar los impulsos. Piense en la dificultad que usted, adulto maduro, encuentra para restringirse de comer la galleta con trozos de chocolate que anhela, cuando ha decidido ponerse a dieta.

A veces se nos pone a prueba el control de nuestros impulsos; a los niños de 1 y 2 años se los
pone a prueba muchas veces al día. La capacidad para ejercer un mayor auto-dominio se
desarrolla a través del tiempo, con la maduración del cerebro, la práctica y la ayuda de adultos
cariñosos. Cuando se ayuda a niños muy pequeños a describir sus sentimientos, y se deja que
vean y practiquen maneras de controlar los impulsos, los niños aprenden con el tiempo a
controlarse a sí mismos. Esto los ayuda a aprender a resolver los conflictos sin ayuda.

He aquí algunas maneras para ayudar a los niños a controlar sus impulsos y resolver los conflictos:

• Ofrezca mucha orientación, e inicie juegos de compartir cosas y turnarse.

• Tenga en cuenta que los niños de 1 y 2 años están menos
dispuestos a obedecer cuando están cansados o no se sienten bien.

• Use la distracción o la redirección para tranquilizar a los
niños o evitar las riñas.

• Dé un modelo de comportamiento social positivo y de
compartir en sus interacciones diarias con niños y padres de familia.

Hoy hemos discutido la importancia de las relaciones, el cuidado caracterizado por la
sensibilidad, las rutinas, los ambientes físicos, y el ofrecer intencionadamente oportunidades
que apoyen el desarrollo emocional de los niños.

Esto es todo por hoy, gracias por su participación, le esperamos el próximo miércoles a las 11:00 de la mañana para juntos….

¡APRENDER Y CRECER!

Fuentes de Información utilizadas para este programa:

______________________________________________________________________
Este material fue desarrollado por el Centro sobre los Fundamentos Sociales y Emocionales
del Aprendizaje Temprano (Center on the Social and Emotional

Foundations for Early Learning) gracias a fondos federales de la Administración para Niños
y Familias (Administration for Children and Families) del Departamento de Salud y Servicios
Humanos de EE.UU. (Acuerdo Cooperativo N. PHS 90YD0215). El contenido de esta
publicación no necesariamente refleja los puntos de vista ni las políticas del Departamento
de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., ni la mención de nombres comerciales, productos
comerciales u organizaciones implica ningún endoso del gobierno de los EE.UU.

Se permite reproducir este material para propósitos de capacitación e información.

El Centro sobre los Fundamentos Sociales y Emocionales del Aprendizaje Universidad
Vanderbilt: vanderbilt.edu/csefel

Un pensamiento en “Programa 13. La Cooperación

  1. textos de programa

    Hola buenos dias muy bonito su programa yo entiedo que la mamá quiere desacerse de el niño que no le importa como cuidan a su hijo necesita tener comunicación

    Si me gustaría que sirviera como créditos en el Registro ya que yo siempre los escucho y soy cuidadora eso es muy bueno felicidades

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