Programa 92. Información para la Familia

Escucha la primera parte:

La segunda parte:

La tercera parte:

La información para este programa viene de La Academia Americana de Psiquiatría para Niños y Adolescentes.

Sepa Cuando Buscar Ayuda para su Hijo/Hija

Los padres son usualmente los primeros en reconocer cuándo un hijo/hija tiene un problema emocional o de comportamiento. Aun así, la decisión de buscar ayuda profesional puede ser difícil y dolorosa para el padre/madre. El primer paso es tratar de hablar tiernamente con el niño/niña. Una conversación sincera acerca de los sentimientos a veces puede ayudar. Los padres pueden escoger el consultar con el médico del niño/niña, maestros, miembros del clero, u otros adultos que conozcan bien al niño. Estos pasos pueden resolver los problemas para el niño/niña y la familia.

Continuamos con la descripción de algunas señales indicativas de que una evaluación por un siquiatra de niños y adolescentes puede ser de gran ayuda:

Cuando un Nino Pelea o Muerde

Todas las personas tienen sentimientos de agresividad. Como adultos, nosotros aprendemos a controlar esos sentimientos. Sin embargo, los niños, a menudo demuestran agresividad física—ellos dan, muerden y arañan a otros. Este comportamiento es relativamente común y a menudo aparece cuando el niño cumple un año. Los padres se esfuerzan tratando de manejar el comportamiento agresivo y/o destructivo de su niño.

Si bien puede ser parte del desarrollo normal morder de vez en cuando, el morder persistentemente es una señal de que el niño tiene problemas emocionales o del comportamiento. Mientras que muchos niños pelean ocasionalmente con otros o les dan, la agresión física frecuente y/o severa puede significar que el niño tiene serios problemas emocionales o del comportamiento que requieren una evaluación e intervención profesional. La acción de pelear o morder persistentemente cuando el niño asiste al cuidado diurno o al sistema escolar puede ser un problema serio. A esa edad los niños tienen mucho contacto con sus pares y se espera que ellos sean capaces de hacer amigos y llevarse bien con ellos.

La Acción de Morder
Muchos niños comienzan a morder agresivamente entre la edad de uno a tres años. La acción de morder puede ser la manera por la cual el niño esté probando su poder para llamar la atención. Algunos niños muerden porque se sienten infelices, ansiosos o celosos. Algunas veces esta acción puede ser el resultado de una disciplina excesiva o severa o por haber estado expuesto a la violencia física. Los padres deben recordar que los niños que están echando dientes pueden morder también. La acción de morder es la razón más común por la cual son expulsados de los lugares de cuidado diurno.

 Que Hacer:

  • De inmediato dígale “no”, en un tono calmado pero firme y con desaprobación.
  • Al bebé que comienza a caminar (de 1-2 años), cárguelo firmemente o póngalo abajo.
  • Al niño pequeño (de 2-3 años) dígale, “no es correcto morder porque le hace daño a las personas”.
  • NO muerda al niño para mostrarle cómo se siente cuando lo muerden. Esto le enseña un comportamiento agresivo al niño.
  • Si el niño persiste en su comportamiento de morder a otros, trate una consecuencia negativa. Por ejemplo, no cargue o juegue con el niño por espacio de cinco minutos después que él/ella haya mordido.

Si éstas técnicas o intervenciones no son efectivas, los padres deben de hablar con su médico de familia.

La Acción de Pelear y de Golpear a Otros
Los pequeños y los niños de edad preescolar a menudo se pelean por los juguetes. Algunos niños son premiados involuntariamente por su comportamiento agresivo. Por ejemplo, puede que un niño empuje a otro niño, tirándolo al piso y quitándole su juguete. Si el otro niño llora y se aleja, el niño agresivo se siente victorioso ya que consiguió el juguete. Es importante identificar si este patrón está ocurriendo en los niños agresivos.

Que Hacer:

  • Es más efectivo si se interviene antes de que el niño comience a mostrar un comportamiento agresivo. Por ejemplo, intervenga tan pronto ve que el niño está muy frustrado o se está alterando.
  • Cuando los niños pequeños pelean a menudo, supervíselos más de cerca.
  • Si el niño le da a otro niño, de inmediato separe los dos niños. Luego trate de consolar y atender al niño que ha sido golpeado.
  • Al bebé que comienza a caminar (de 1-2 años) dígale, “No se da. Duele cuando das”.
  • Al niño pequeño (de 2-3 años) dígale, “Yo sé que tienes coraje, pero no des. Cuando das duele”. Esto comienza a enseñarle empatía a su niño.
  • NO le dé al niño si le está dando a otros. Esto le enseña al niño a usar comportamiento agresivo.
  • Los padres no deben de ignorar o menospreciar las peleas entre hermanos.

Cuando las peleas son frecuentes, esto puede ser una señal de que el niño tiene otros problemas. Por ejemplo, puede estar triste o alterado, tener problemas controlando el coraje, haber sido testigo de violencia o puede haber sido la víctima de abuso en el cuidado diurno, en la escuela o en el hogar.

Las investigaciones han demostrado que los niños que son físicamente agresivos a temprana edad tienen la tendencia a continuar dicho comportamiento cuando son mayores. Los estudios también han demostrado que los niños que son expuestos a la violencia y la agresión repetidamente en la televisión, los videos y las películas actúan de manera más agresiva. Si un niño pequeño tiene problemas persistentes con la acción de pelear y de morder o exhibe un comportamiento agresivo, los padres deben de buscar la ayuda profesional de un psiquiatra de niños y adolescentes o de otro profesional de la salud mental que se especialice en la evaluación y tratamiento de los problemas del comportamiento en los niños pequeños.

Los Niños y el Divorcio

Hoy en día de cada dos matrimonies uno termina en divorcio y muchas de las parejas divorciadas tienen niños. Los padres que se están divorciando a menudo se preocupan acerca del efecto que el divorcio tendrá en sus hijos. Durante este período difícil, los padres puede que se preocupen por sus propios problemas, pero continúan siendo las personas más importantes en la vida de sus hijos.

Mientras los padres bien pueden sentirse o desconsolados o contentos por su divorcio, invariablemente los niños se sienten asustados y confundidos por la amenaza a su seguridad personal. Algunos padres se sienten tan heridos o abrumados por el divorcio que buscan la ayuda y el consuelo de sus hijos. El divorcio puede ser malinterpretado por los niños a no ser que los padres les digan lo que les está pasando, cómo les afecta a ellos y cuál será su suerte.

Los niños con frecuencia creen que son la causa del conflicto entre su padre y su madre. Muchos niños asumen la responsabilidad de reconciliar a sus padres y algunas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso. En la pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio, los niños pueden volverse vulnerables tanto a enfermedades físicas como mentales. Con mucho cuidado y atención, sin embargo, una familia puede hacer uso de su fortaleza o de sus factores positivos durante el divorcio, ayudando así a los niños a tratar de manera constructiva con la solución al conflicto de sus padres.

El hablarle a los niños acerca del divorcio es difícil.  Los siguientes consejos pueden ayudar a los niños y a los padres con el reto y el estrés sobre estas conversaciones:

  • no lo mantenga en secreto o espere hasta el último momento
  • infórmeselo a su niño junto con cónyuge
  • mantenga las cosas de manera simple y directa
  • dígale que el divorcio no es culpa de él/ella
  • admita que ello será penoso y desconcertante para todos
  • asegúrele a su niño que los dos todavía lo quieren y que siempre serán sus padres
  • no discuta con el niño las faltas y problemas de cada uno de ustedes

Los padres deben percatarse de las señales de estrés persistentes en su hijo o en sus hijos. Los niños pequeños pueden reaccionar al divorcio poniéndose más agresivos, rehusándose a cooperar o retrayéndose en sí mismos. Los niños mayores pueden sentir mucha tristeza o experimentar un sentimiento de pérdida. Los problemas de comportamiento son muy comunes entre estos niños y su trabajo en la escuela puede afectarse negativamente. Ya sea como adolescentes o como adultos, los hijos de parejas divorciadas a menudo tienen problemas en sus relaciones y con su autoestima.

Los niños tendrán menos problemas si saben que su mamá y su papá continuarán actuando como padres y que ellos los seguirán ayudando aun cuando el matrimonio se termine y el padre y la madre no vivan juntos. Las disputas prolongadas acerca de la custodia de los hijos o la coerción a los niños para que se pongan de parte del papá o de la mamá les pueden hacer mucho daño a los hijos y pueden acrecentar el daño que les hace el divorcio. Las investigaciones demuestran que los niños se desarrollan mejor cuando los padres tienen la capacidad de cooperar para su bienestar.

La obligación continuada de los padres por lograr el bienestar de los hijos es vital. Si el niño muestra indicios de estrés, los padres deben consultar con su médico de familia o con su pediatra para que los refiera a un siquiatra de niños y adolescentes para que le haga una evaluación y les dé tratamiento. Además, el siquiatra de niños y adolescentes puede reunirse con los padres para ayudarles a que aprendan qué hacer para que el estrés del divorcio sea más fácil para toda la familia. La sicoterapia para los niños de una pareja divorciada y para los padres divorciados puede ser de gran beneficio.

Los Problemas en las Familias Causados por los Segundos Matrimonios

El número creciente de divorcios en los Estados Unidos y los cambios en los patrones familiares han dado lugar a un número creciente de segundas familias. Las segundas familias tienen que hacerle frente a muchos retos. Como cualquier otro logro, el desarrollo de buenas relaciones en la nueva familia requiere mucho esfuerzo. Cada uno de los miembros de estas familias ha experimentado pérdidas y está teniendo que hacer ajustes bien complicados en su nueva situación familiar.

Cuando se forma una segunda familia, sus miembros no tienen un historial común o no tienen el mismo modo de hacer las cosas; muchas veces sus creencias son muy diferentes. Además, un niño puede tener una lealtad dividida entre el padre con quien vive la mayor parte del tiempo y el que vive en otro lugar y a quien visita de vez en cuando. También, los recién casados no han pasado suficiente tiempo juntos para adaptarse a la nueva relación.

Los miembros de la nueva familia combinada necesitan crear vínculos fuertes entre ellos, de la siguiente manera:

  • reconociendo y penando por lo que han perdido
  • desarrollando nuevas destrezas para tomar decisiones en familia
  • fomentando y fortaleciendo las nuevas relaciones entre: padres, padrastros, hijastros y hermanastros
  • ayudándose los unos a los otros
  • manteniendo y fomentando las relaciones originales con los padres naturales.

Aunque estos problemas son difíciles de resolver, la mayor parte de las segundas familias logran resolverlos. Las segundas familias utilizan a menudo a abuelos (u otros parientes), miembros del clero, grupos de apoyo y otros programas disponibles en la comunidad para que los ayuden con los ajustes.

Los padres deben de considerar obtener una evaluación siquiátrica del niño que manifieste sentimientos muy fuertes al encontrarse:

  • tratando de lidiar él solo con la pérdida
  • dividido entre los dos padres y las dos familias
  • excluido de todo
  • aislado por sus sentimientos de culpabilidad y de ira o enojo
  • inseguro de lo que es correcto
  • muy incómodo con cualquier miembro de la familia original o de la nueva familia.

Además, si los padres observan que los síntomas siguientes persisten, deben de considerar una evaluación siquiátrica del niño/familia:

  • el niño se desahoga/dirige su ira hacia un miembro en particular de la familia o expresa resentimiento contra el padrastro/madrastra o el padre/madre
  • uno de los padres sufre mucho estrés y no puede ocuparse de las necesidades crecientes del niño
  • uno de los padres o padrastros demuestra favoritismo por uno de los niños
  • la disciplina del niño se deja en manos de los padres naturales, en vez de incluir a ambos, padres y padrastros
  • el niño llora con frecuencia o se retrae
  • algunos miembros de la familia dejan de disfrutar de sus actividades normales (por ejemplo: aprender, asistir a la escuela, trabajar, jugar o estar con los amigos y la familia).

Los siquiatras de niños y adolescentes han sido adiestrados y son expertos en evaluaciones siquiátricas comprensivas tanto del niño como de la familia si se desarrollan problemas serios.

La mayor parte de las segundas familias, si se les da el tiempo suficiente para que desarrollen sus propias tradiciones y formen nuevas relaciones entre ellos, pueden proveer relaciones emocionales excelentes y duraderas en el matrimonio que ayudan a los niños a desarrollar la autoestima y fortaleza necesarias para disfrutar de la vida y enfrentar sus desafíos.

Los Niños y la Pena por la Muerte de un ser Querido

Cuando un miembro de la familia muere, los niños reaccionan de manera diferente a los adultos. Los niños de edad pre-escolar creen que la muerte es temporera y reversible, esta creencia está reforzada por los personajes en dibujos animados que se mueren y reviven otra vez. Los niños de entre cinco y nueve años comienzan a pensar más como los adultos acerca de la muerte, pero todavía no pueden imaginarse que ellos o alguien que ellos conocen puedan morir.

A la conmoción y a la confusión que sufre el niño que ha perdido su hermanito, hermanita, papá o mamá se le añade la falta de atención adecuada de otros familiares que lloran esa misma muerte y que no pueden asumir adecuadamente la responsabilidad normal de cuidar al niño.

Los padres deben de estar conscientes de cuáles son las reacciones normales de los niños ante la muerte de un familiar, así como de las señales que indican que el niño está teniendo dificultad enfrentándose a la pena. Es normal que durante las semanas siguientes a la muerte algunos niños sientan una tristeza profunda o que persistan en creer que el familiar querido continúa vivo. Sin embargo, la negación a largo plazo a admitir que la muerte ocurrió, o el evitar las demostraciones de tristeza, no es saludable y puede resultar en problemas más severos en el futuro.

No se debe obligar a un niño asustado a ir al velorio o al entierro de un ser querido; sin embargo, el honrar o recordar a la persona de alguna manera, como por ejemplo, encender una velita, decir plegarias, preparar un álbum de recortes, revisar las fotografías o el contar una historia, puede ser de mucha ayuda. A los niños se les debe de permitir el expresar su pérdida y pena como ellos crean.

Una vez que el niño acepta la muerte, es normal que manifieste su tristeza de vez en cuando a través de un largo período de tiempo, a veces en momentos inesperados. Sus parientes sobrevivientes deben de pasar todo el tiempo posible con el niño y hacerle saber bien claro que tiene permiso para manifestar sus sentimientos libre y abiertamente.

Si la persona muerta era esencial para la estabilidad del mundo del niño, la ira es una reacción natural. Esta ira se puede manifestar en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad o en una variedad de otros comportamientos. A menudo el niño mostrará enojo hacia los miembros sobrevivientes de la familia.

Después de la muerte de un padre o una madre, muchos niños actuarán como si tuviesen menor edad. El niño temporalmente actúa de manera más infantil exigiendo comida, atención, cariño y habla como un bebé. Los niños más pequeños frecuentemente creen que ellos son la causa de lo que sucede a su alrededor.  El pequeño puede creer que su papá, abuelito, hermano o hermana se murió porque él una vez cuando tenía coraje deseó que se muriera.

El niño se siente culpable porque cree que su deseo se “realizó”.

Los niños con problemas serios de pena y de pérdida pueden mostrar una o más de las siguientes señales:

  • un período prolongado de depresión durante el cual el niño pierde interés en sus actividades y eventos diarios
  • insomnio, pérdida del apetito o el miedo prolongado a estar solo
  • regresión a una edad más temprana por un período extendido de tiempo
  • imitación excesiva de la persona muerta
  • decir frecuentemente que quisiera irse con la persona muerta
  • aislamiento de sus amiguitos
  • deterioro pronunciado en los estudios o el negarse a ir a la escuela

Si estos síntomas persisten, puede que se necesite ayuda profesional. Un siquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental capacitado puede ayudar al niño a aceptar la muerte y asistir a los sobrevivientes para que ayuden al niño durante el proceso de pena y luto.

El Maltrato Infantil: Los Golpes Ocultos

Las estadísticas acerca del maltrato físico de los niños son alarmantes. Se estima que cada año cientos de miles de niños reciben abuso y maltrato a manos de sus padres o parientes. Miles mueren. Los que sobreviven el abuso, viven marcados por el trauma emocional que perdura mucho después de que los moretones físicos hayan desaparecido. Las comunidades y las cortes de justicia reconocen que estas “heridas emocionales ocultas” pueden ser tratadas. El reconocer y dar tratamiento a tiempo es importante para minimizar los efectos a largo plazo causados por el abuso o maltrato físico. Cuando un niño/niña dice que ha sido abusado, hay que tomarlo en serio y evaluarlo de inmediato.

Los niños que han sido abusados pueden exhibir:

  • una pobre auto-imagen pobre
  • re actuación del acto sexual
  • incapacidad para confiar o amar a otros
  • conducta agresiva, problemas de disciplina y a veces, comportamiento ilegal
  • coraje y rabia
  • comportamiento auto-destructivo o auto-abusivo, pensamientos suicidas
  • pasividad, comportamiento retraído o apagamiento
  • miedo de establecer relaciones nuevas o de comenzar actividades nuevas
  • ansiedad y miedos
  • problemas en la escuela o fracaso escolar
  • sentimientos de tristeza u otros síntomas de depresión
  • visiones de experiencias ya vividas y pesadillas
  • abuso de drogas o de alcohol
  • problemas al dormir

A menudo el daño emocional severo a los niños maltratados no se refleja hasta la adolescencia, o aún más tarde, cuando muchos de estos niños maltratados no se refleja hasta la adolescencia, o aún más tarde, cuando muchos de estos niños maltratados se convierten en padres abusivos. Un adulto que fue abusado de niño tiene mucha dificultad para establecer relaciones personales íntimas. Estos hombres y mujeres pueden tener problemas con los acercamientos físico, el tocar, la intimidad y el confiar en otros al llegar a adultos. Están expuestos a un riesgo mayor de ansiedad, depresión, abuso de substancias, enfermedades médicas y problemas en la escuela o en el trabajo. Sin el tratamiento adecuado el daño hecho al niño abusado físicamente puede perdurar de por vida.

La identificación y el tratamiento a tiempo son importantes para minimizar las consecuencias del abuso a largo plazo. Los profesionales de la salud mental capacitados deben de llevar a cabo una evaluación comprensiva y proveer el tratamiento para los niños que han sido abusados. Mediante el tratamiento, el niño maltratado comienza a recuperar su sentido de confianza en sí mismo y en otros. Pueden ayudar a la familia a aprender nuevas formas de darse apoyo y de comunicarse los unos con los otros. Los padres pueden también beneficiarse del apoyo, entrenamiento y manejo del coraje.

El abuso físico no es el único tipo de maltrato infantil. Muchos niños son víctimas de abandono, de abuso sexual o de abuso emocional. En todos los tipos de abuso infantil, el niño y la familia pueden beneficiarse de una evaluación y tratamiento de un profesional de la salud mental capacitado.

La Disciplina

Los niños no siempre hacen lo que los padres quieren. Cuando el niño se comporta mal, el padre tiene que decidir cómo va a responder. Todos los niños necesitan reglas y expectativas para ayudarlos a aprender el comportamiento apropiado. ¿Cómo le enseña un padre a su niño las reglas y qué deben de hacer los padres cuando las reglas se rompen?

Los padres deben de comenzar hablando entre sí acerca de cómo ellos quieren manejar la disciplina y establecer las reglas. Es importante que se vea la disciplina como enseñanza y no como castigo. El aprender a seguir las reglas mantiene al niño seguro y lo ayuda a él/ella a aprender la diferencia entre lo que es correcto o incorrecto.

Una vez que se establecen las reglas, los padres deben de explicarle al niño las consecuencias de romper las reglas. Por ejemplo: Estas son las reglas, si tú sigues las reglas esto es lo que sucede y si tú rompes las reglas, esto es lo que sucede. Los padres y los niños deben de decidir juntos cuáles van a ser los premios y las consecuencias. Los padres siempre deben de reconocer y ofrecer refuerzo positivo y apoyo cuando el niño sigue las reglas. Los padres tienen también que aplicar la consecuencia apropiada cuando el niño rompe una regla. La consistencia y el ser predecible son las bases de la disciplina y el alago es el mayor refuerzo para el aprendizaje.

Los niños aprenden con la experiencia. Tener consecuencias lógicas para el mal comportamiento ayuda a que ellos aprendan a ser responsables de sus acciones sin afectar su autoestima. Si los niños se pelean por la televisión, la computadora o un juego de video, apágueselo. Si un niño vira la leche en la mesa de comer mientras está jugando con ella, haga que el niño la limpie. Un adolescente que se acuesta muy tarde puede sufrir las consecuencias naturales de estar cansado al día siguiente. Otro tipo de consecuencia que puede ser efectiva es la suspensión o dilación de un privilegio. Si el niño rompe la regla acerca de dónde puede ir en su bicicleta, quítele la bicicleta por unos días. Cuando un niño no hace sus tareas, a él/ella no se le permite hacer algo especial, como quedarse la noche con un amigo o alquilar un video.

Hay diferentes estilos o formas de abordar el ser padres. Las investigaciones indican que los padres efectivos crían hijos bien ajustados que son más auto-dependientes, auto-controlados y positivamente curiosos que aquellos niños criados por padres que castigan, son demasiado estrictos (autoritarios) o que les permiten todo. Los padres efectivos operan bajo la creencia de que tanto los niños como los padres tienen ciertos derechos y que las necesidades de ambos son importantes. Los padres efectivos no necesitan hacer uso de la fuerza física para disciplinar al niño, pero son los que establecen reglas claras y les explican por qué esas reglas son importantes. Los padres efectivos razonan con sus niños y consideran los puntos de vista de los jóvenes aunque no estén de acuerdo con ellos.

Tipos de disciplina efectiva:

  • Confíen en que su niño va a hacer lo correcto dentro de los límites de su edad y nivel de desarrollo.
  • Asegúrese de que lo que usted le pida sea razonable.
  • Hable con su niño como usted desearía que alguien le hablase a usted si lo estuviese regañando. No recurra a ponerle nombres, gritarle o faltarle el respeto.
  • Sea claro sobre lo que usted quiere decir. Sea firme y específico.
  • Sea usted un modelo positivo de comportamiento. “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago” muy pocas veces resulta.
  • Permita la negociación y flexibilidad; ello puede ayudar a establecer las destrezas sociales en su niño.
  • Permita que su niño experimente las consecuencias de su comportamiento.
  • Cuando sea posible, las consecuencias deben llevarse a cabo de inmediato, deben estar relacionadas con el romper la regla y deben ser de poca duración para que usted pueda moverse a enfatizar lo positivo de nuevo.
  • Las consecuencias deben de ser justas, y apropiadas a la situación y la edad del niño.

Las clases para enseñar y entrenar a cómo ser padres pueden ser de ayuda para aprender a ser un padre efectivo. Si los padres tienen serias preocupaciones acerca de problemas continuos relacionados con el comportamiento de su niño, el consultar con un siquiatra de niños y adolescentes o con cualquier otro profesional de la salud mental licenciado puede servir de ayuda.

Esto es todo por hoy, gracias por su participación, le esperamos el próximo miércoles a las 11:00 de la mañana para juntos….

¡APRENDER Y CRECER!

 

FUENTES DE INFORMACION

Fuente de Información: American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.

http://www.aacap.org/page.ww?section=Informacion+para+la+Familia

La “American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP)” representa a más de 7,150 siquiatras de niños y adolescentes quienes son doctores egresados de una escuela de medicina, con por lo menos cinco años adicionales de entrenamiento en siquiatría general (adultos) y siquiatría de niños y adolescentes.

Información para la Familia, en hojas sueltas, pertenece y es distribuida por la “American Academy of Child and Adolescent Psychiatry”. No se requiere permiso escrito para reproducir las hojas para uso personal o educativo, pero no se pueden incluir en material que se presente a la venta. Toda la información se puede ver y se puede reproducir del “website” de la “AACAP” (www.aacap.org). Las hojas no se pueden reproducir, duplicar o presentar en cualquier otro “website” de la “Internet” sin el consentimiento de “AACAP”. A las organizaciones se les permite crear un vínculo con el “website” de “AACAP” para ciertas hojas en particular. Para comprar la serie completa de Información para la Familia, por favor llame a: “AACAP Circulation Clerk” en el tel. 1.800.333.7636, ext. 131.

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