Programa 124: Promoviendo el Desarrollo Intelectual a través del Juego

Miércoles 15 de enero del 2014

Programas # 124

Bienvenidos a su programa

APOYANDO FAMILIAS – APRENDIENDO JUNTOS

Promoviendo el Desarrollo Intelectual a través del Juego

Nuestros facilitadores de este día son:

Lupita Montoto y Diego Campoverde-Cisneros y su servidora, Romilia Schlueter

Escucha la primera parte: 

La segunda parte:  

El juego, contrario a ser una actividad frívola y sin sentido, es considerada por los educadores como una actividad que promueve el aprendizaje en los niños y estimula su desarrollo. Su valor radica en que es algo natural en los niños y los mueve a explorar y aprender de su ambiente, a interactuar con los objetos y las personas. A través del juego, el niño manipula e interactúa con los objetos, ofreciéndoles oportunidades para desarrollar sus competencias físicas, intelectuales y socioemocionales.

A través de los juegos, se puede promover el desarrollo intelectual de los niños, ya que envuelven experiencias multisensoriales, mediante las cuales éstos pueden tocar, manipular, observar y demás. Si observamos a los niños realizar construcciones con bloques, construir una carretera, jugar con los carritos, jugar con marionetas para recontar o inventar cuentos, contar fichas para ver quién tiene más, podremos ver cómo estos juegos estimulan el desarrollo en todas sus dimensiones.

Los bloques, por ejemplo, ofrecen la oportunidad para conocer las formas geométricas, aprender vocabulario, solucionar problemas y lograr dominio del simbolismo abstracto, a la vez que ayudan a refinar el desarrollo físico (agarre de pinzas, necesario para manejar los instrumentos de escritura), social (trabajo colaborativo) y emocional (sentido de logro). En este tipo de juego, el desarrollo cognoscitivo está íntimamente relacionado con el lenguaje; de ahí la importancia de promover el diálogo mientras los niños interaccionan con los objetos.

El juego es una actividad que se enfoca en el proceso (Bruner, 1972): les ofrece a los niños la oportunidad de experimentar cómo se hacen las cosas sin tener miedo a fallar o cometer errores. Cuando el niño juega, no hay una forma correcta de hacer las cosas.  Más bien, es una acción guiada por la siguiente pregunta: ¿cómo funciona esto?  Así, cuando tira una pelota, su interés está en observarla rebotar y correr para entender sus cualidades.

El desarrollo social se estimula cuando los niños juegan a mamá y papá, a ser maestra o dramatizan roles. En la dramatización se puede promover y observar cómo los niños van aprendiendo y definiendo los roles sociales; por ende, se van construyendo las destrezas de interacción social. 

También podemos propiciar el desarrollo social a través de otros juegos, como jugar pelota con otro niño y participar en juegos de ronda.  Cuando los niños tienen que negociar roles —o sea, determinar quién es mamá y quién es papá—, jugar con otros o participar en juegos colectivos se disminuye el egocentrismo.  Los juegos en grupo ayudan a que comiencen a clarificar y comprender los límites y las reglas de interacción social.

Vygotsky (1978) nos dice que el juego permite al niño de edad preescolar entender las consecuencias de nuestras acciones. Por ejemplo, un niño que juega a mamá y a papá deberá cumplir con los límites y las reglas asociadas a esos roles para poder mantener la secuencia. Dicho autor también nos dice que el juego lleva al niño a retos que desarrollan su intelecto, cuando puede aplicar lo que sabe o se enfrenta a nuevas experiencias que requerirán de conductas más complejas.

El juego estimula el desarrollo del lenguaje oral y escrito. La disposición y el interés por aprender el lenguaje se puede observar cuando los infantes balbucean e imitan sonidos, cuando los niños pequeños juegan con el sistema lingüístico (imitan sonidos del ambiente e inventan palabras), hablan a través de una marioneta o el teléfono, dibujan libremente o tratan de imitar la escritura de las letras. La experimentación y creación del lenguaje es notable cuando juegan con los sonidos, ya sea solos o con sus amiguitos, cuando juegan con las estructuras de las palabras y la forma en que éstas se organizan para formar oraciones.

El uso de rimas les motiva a aprender el significado de las palabras y a agudizar la discriminación auditiva. Dibujar y escribir garabatos que imitan el texto convencional nos demuestra su interés por la escritura. De ahí la importancia y necesidad de crear ambientes ricos en el desarrollo del lenguaje, donde los niños son escuchados y se les rodea de libros, instrumentos para pintar, dibujar y escribir. Los adultos nutren el desarrollo del lenguaje cuando les hablan y responden a los niños, o les cantan y les leen cuentos.

Un ambiente rico en lenguaje promueve, además, el arte en todas sus expresiones para que los niños se familiaricen con las múltiples formas de expresión y comunicación.  Las manos son el instrumento de aprendizaje de los niños. Alentamos su desarrollo físico cuando propiciamos que toquen y se muevan libremente. Las destrezas de desarrollo motor grueso se estimulan con actividades que envuelven todo el cuerpo; por eso es importante buscar razones para que los niños caminen y se muevan  Las destrezas de motricidad fina utilizan mayormente los músculos de la mano y preparan al niño para el uso del lápiz y la escritura. Es importante estimular dichas habilidades y que el niño sea consciente de su cuerpo y el espacio para que de esa manera, desarrolle el sentido de dirección.

Asimismo, hay que planificar para que tengan muchas oportunidades de practicar todos sus movimientos, como lo son: gatear, mover una maraca, sentarse, agarrar, tirar y halar objetos, armar rompecabezas, montar legos, bailar, tirarse por un deslizadero, correr, transportar objetos de un lugar a otro, ensartar cuentas, jugar con agua y arena, correr en un triciclo, sembrar plantas, recortar y pegar, entre otros. El movimiento corporal, el baile y la música son elementos esenciales en un ambiente dirigido a estimular el desarrollo integral.

Manejar los conflictos sociales y sentirse bien con sí mismo son elementos importantes para el desarrollo emocional.  Los juegos en los cuales el niño tiene que interactuar con el adulto o con otros niños requieren adquirir competencias de coordinación y cooperación. Este juego social se puede dividir en varios tipos: con objetos, con adultos, paralelo (juega al lado de otra persona, imita la acción, pero no interactúa), asociativo (similar al anterior, pero comparten mensajes verbalmente) y cooperativo (dos o más niños coordinan sus acciones, intercambian mensajes y se asignan roles).

El juego dramático es el nivel más alto del juego social, ya que implica: imitar roles; imaginar objetos, acciones y eventos; establecer interacciones con otros; comunicarse verbalmente y ser persistentes. De ahí la importancia de enseñar a los niños a seguir reglas durante el juego, como sucede en el “peek-a-boo” y los juegos de ronda. Aprender a vestirse, amarrarse los zapatos y peinarse, solucionar los problemas cotidianos que surjan en los juegos, dramatizar acciones de gracia y cortesía —como lo son: pedir un objeto prestado o permiso para hablar, colocar una mesa— son algunos ejemplos de cómo el educador puede estimular el desarrollo emocional en los niños.

Elkind (1981)  señala que el juego provee a los niños oportunidades de entender y trabajar con situaciones difíciles. Por ejemplo, un niño a quien le informan que va a tener un hermanito, muy bien podríamos verlo, posteriormente, vistiendo y bañando, de forma imaginaria, al nuevo bebé. En este caso, el juego le permite adaptarse a una nueva situación que, para algunos niños, puede tener una carga emocional o causar gran ansiedad.

La creatividad está íntimamente ligada al juego, ya que los niños, fácilmente, inventan con los objetos. Los educadores pueden motivar la creatividad, al observar y estimular a los niños a dialogar sobre sus ideas y celebrar sus creaciones, como pueden ser: construir casas con cajas, pintar animales imaginarios, vestirse con telas y papeles, ver y hacer de los objetos cosas diferentes, inventar palabras y canciones.

Igualmente, la creatividad está íntimamente ligada al desarrollo de una autoestima positiva. Celebrar y desplegar los trabajos realizados por cada uno de los niños es una forma de exaltar y reafirmar el valor de cada uno.  La realidad queda suspendida durante el juego. El niño usa su imaginación para envolverse en actividades creativas, espontáneas y que le provocan gran alegría y satisfacción.

A través de las dramatizaciones, como jugar a la escuelita, los niños practican roles sociales y adquieren vocabulario, a la vez que exploran el rol de ser maestra. Cuando los niños seleccionan sus propios juegos, desarrollan su sentido de independencia y laboriosidad; es como si se dijera: “yo puedo”.

El rol de los adultos en el juego: planificar, modelar y observar

Los educadores deben observar e interactuar con los niños. Para esto, es esencial planificar, primeramente, el ambiente y, en segundo lugar, los momentos dirigidos a efectuar dichas tareas. La planificación de experiencias de aprendizaje dependerá de la capacidad del educador de observar y dialogar con los niños para conocer mejor sus intereses, fortalezas y necesidades. Previo a comenzar el día de trabajo, deberá determinar qué objetos colocar en el ambiente, tener una idea clara de cómo se utilizan y cuál es su propósito didáctico. Luego, con voz pausada, agradable y entusiasta, invitará a los niños a jugar, les modelará la forma de manipular y utilizar los objetos, y les dará tiempo para que examinen el objeto, lo exploren y lo utilicen. El educador aprovechará ese momento para observarlos.

Mientras los niños trabajan, la función del educador es observar y animar con tranquilidad a aquellos que necesitan ayuda. Cuando los infantes juegan, el guía asume el rol de ponerles en contacto con los objetos, hablándoles y estimulándolos a jugar.  Según los niños crecen, la actividad puede tornarse paralela: el educador se sienta a jugar al lado del niño y dialoga en voz baja sobre lo que se está haciendo. Cuando los niños están listos para interactuar con otros, el educador puede preguntarles a qué juegan y cómo se juega, ofrecer comentarios y participar desde dentro o fuera. Si el niño invita al educador a jugar, éste aprovechará la oportunidad para modelar las conductas apropiadas o servir de tutor dentro del juego.

Si, por el contrario, el educador observa desde afuera, puede ofrecer comentarios a los niños o guiarlos con preguntas. Los juegos no tienen género, por lo que es importante asegurarse de que todos los niños sean invitados a jugar en las distintas áreas o centros de aprendizaje. Los educadores deben colocar actividades atractivas a los intereses y el nivel de aprendizaje de los niños, de manera que todos se motiven a participar. Igualmente, el juego es un buen momento para integrar la diversidad cultural, poniéndolos en contacto con juegos y canciones de otros países.

¿Cómo trabajar con los niños que presentan problemas para jugar?Algunos niños tienen dificultad para jugar con otros. Esto puede suceder por muchas razones, entre las que se encuentran: timidez, falta de experiencias, sentirse fuera de lugar por desconocer cómo se juegan algunos juegos, traumas emocionales (como la pérdida de un familiar por muerte, divorcio, mudanza, entre otros), abuso, negligencia, dificultades en el lenguaje o retardo mental. En estos casos, lo más importante es buscar ayuda de los especialistas, orientarse sobre la situación particular y referir al niño para que reciba la ayuda necesaria. Sin embargo, tenemos que dar las mismas oportunidades e igual atención que a los demás. Es nuestra responsabilidad hacerles sentir bien con sí mismos, invitarlos a participar sin obligarlos.

Esto es todo por hoy, gracias por su participación, les esperamos el próximo miércoles a las 11:00 de la mañana para juntos….

¡APRENDER Y CRECER!

REFERENCIAS

Proyecto ALCANZA: http://alcanza.uprrp.edu/modulo3/

Rondas y Juegos de folklor:

http://lectoaperitivos.com/la/rondas-y-juegos-de-patio/

http://cuidadoinfantil.net/rondas-infantiles-al-gato-o-al-raton.html

http://www.learning-theories.com/vygotskys-social-learning-theory.html

Vygotsky’s Social Development Theory is the work of Russian psychologist Lev Vygotsky (1896-1934), who lived during Russian Revolution. Vygotsky’s work was largely unkown to the West until it was published in 1962.

  1. Social interaction plays a fundamental role in the process of cognitive development. In contrast to Jean Piaget’s understanding of child development (in which development necessarily precedes learning), Vygotsky felt social learning precedes development. He states: “Every function in the child’s cultural development appears twice: first, on the social level, and later, on the individual level; first, between people (interpsychological) and then inside the child (intrapsychological).” (Vygotsky, 1978).
  2. The More Knowledgeable Other (MKO). The MKO refers to anyone who has a better understanding or a higher ability level than the learner, with respect to a particular task, process, or concept. The MKO is normally thought of as being a teacher, coach, or older adult, but the MKO could also be peers, a younger person, or even computers.
  3. The Zone of Proximal Development (ZPD). The ZPD is the distance between a student’s ability to perform a task under adult guidance and/or with peer collaboration and the student’s ability solving the problem independently. According to Vygotsky, learning occurred in this zone.

Vygotsky focused on the connections between people and the sociocultural context in which they act and interact in shared experiences (Crawford, 1996). According to Vygotsky, humans use tools that develop from a culture, such as speech and writing, to mediate their social environments. Initially children develop these tools to serve solely as social functions, ways to communicate needs. Vygotsky believed that the internalization of these tools led to higher thinking skills.

David Elkind (born March 11, 1931) is a Jewish-American child psychologist and author.

A longtime professor at Tufts University, his groundbreaking books — The Hurried Child, The Power of Play and Miseducation informed early childhood education professionals of the possible dangers of “pushing down” the elementary school curriculum into the very early years of a child’s life. By doing so, he argued, teachers and parents alike could lapse into developmentally inappropriate instructional and learning practices that may distort the smooth development of learning. He is associated with the belief of decline of social markers.

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