Programa 157: Aprendiendo sobre el desarrollo de nuestros niños

Miércoles 3 de septiembre de 2014
Programas # 157
Bienvenidos a su programa
APOYANDO FAMILIAS – APRENDIENDO JUNTOS

Aprendiendo sobre el desarrollo de nuestros niños

Nuestros facilitadores: Ricardo Serrano, Shelene Sárate y su servidora, Romilia Schlueter
Participe en el programa llamando al 321-1480 – enviando un mensaje de texto al 60193.

Escucha: 

En este programa continuamos con el desarrollo lingüístico y como el habla y la comunicación son los elementos del dominio, haremos parte de nuestro programa una muy tradicional forma de comunicación: Leyendas…

Cuentos transmitidos de generación en generación y pasados de boca en boca, leyendas, productos de la imaginación, que poco a poco absorbieron el folklor y la cultura de nuestros antepasados para convertirse en nuestro legado y el de las futuras generaciones.

En cada uno de los programas de esta serie les traeremos una leyenda de América Latina o del Caribe.     Este día, les traemos la primera parte de:

LA MANDI-Ó LEYENDA GUARANÍ

Gris: Narradora – Romilia
Amarillo: Ñasaindí
Aqua: Catupirí

Ñasaindí debía tener quince años. Esbelta, graciosa y muy bonita, sus ojos negros y grandes miraban siempre con temor. Tenía los cabellos lacios adornados con flores de piquillín. Cubría su cuerpo con un tipoy tejido con fibras de caraguatá, ajustado en la cintura con una chumbé de algodón de vistosos colores.
Sus pies descalzos parecían no tocar la tierra al caminar: tan suave y liviana era.
Con el propósito de recoger tiernos cogollos de palmera, venía desde muy lejos, trayendo una cesta fabricada con tacuarembó.
Muy dispuesta llegó al lugar donde crecían con profusión los pindós, confiada en que sola podría alcanzar los ansiados cogollos; pero al verlos tan altos comprendió que le iba a ser imposible realizar la tarea.
Trató de llegar, subiendo por el tallo, pero se vio obligada a desistir.
Un poco decepcionada, miró desde abajo el penacho verde de las palmeras tratando de hallar un medio que le permitiera conseguir los cogollos buscados.
Ya desistía de su intento, cuando vio a un muchacho medio oculto por una cascada de isipós y de helechos. Sus manos recias empuñaban el arco y la flecha. Sus ojos miraban con atención hacia un lugar cercano.
Dirigió Ñasaindí su vista hacia el mismo sitio y pudo divisar a la víctima a la que estaba destinada la flecha del desconocido: era un hermoso maracaná que, tranquilamente posado en la rama de un ñandubay, estaba completamente ajeno a su próximo fin.
Sintió la niña una pena grande por el espléndido animal, cuyo intenso y brillante colorido era una nota de alegría y de luz entre los verdes del bosque, y sin darse cuenta dio un grito que desvió la atención del cazador hacia el lugar de donde él había partido. El maracaná, puesto sobre aviso, con vuelo un tanto pesado, se internó en la espesura.
Salió el cazador de su escondite y ante la presencia de la niña quedó atónito, mirándola. Su belleza y su expresión lo hechizaron, haciéndole olvidar la pieza de caza que perdiera por su culpa.
-¡Ma-era! -sólo atinó a decirle.
Bajó la vista la muchacha, temerosa de merecer el reproche del cazador, cuando oyó que continuaba con su suave acento:
-¿Quién eres, cuñataí?
Ñasaindí… -respondió apenas la niña.
-¿De dónde vienes?
De la tribu del ruvichá Sagua-á…
¿A qué has venido a los dominios de mi padre, Ñasaindí?
Miró la niña los penachos de las palmeras que la brisa convertía en grandes abanicos y el muchacho, adivinando la intención de la mirada, preguntó:
-¿Querías alcanzar cogollos de palmera?
Neí… -respondió a media voz la niña.
Y… no alcanzas… -agregó intencionado el joven con expresión risueña.
-Aní… ¿Tú me ayudarás? -preguntó esperanzada, levantando hacia él los ojos.
-Nuné… -respondióle el muchacho divertido.
Al tiempo que así decía, dejando en el suelo el arco y la flecha que aún conservaba en la mano, trepó al tallo de una de las palmeras y con movimientos rápidos de sus piernas ágiles acostumbradas a esos ejercicios, pronto llegó al lugar donde lños cogollos tiernos se ofrecían generosos y frescos. Desde arriba se los arrojaba a Ñasaindí que, plena de dicha, no dejaba de reír. En pocos minutos la cesta estuvo llena.
El rostro de la joven reflejaba un gran placer. Gracias al servicial desconocido, su viaje no había sido infructuoso.
Cuando el muchacho estuvo nuevamente a su lado, los ojos de Ñasaindí brillaban de alegría y de agradecimiento.
¿Jhoriva, yerutí? -preguntó satisfecho.
-Neí… Pero yo no me llamo Yerutí… Mi nombre es Ñasaindí…
-Ñasaindí te llamas, pero pareces una dulce yerutí, por eso te llamé por su nombre…
Agradeció la niña con una sonrisa e intentó emprender el camino de regreso, pues la noche no tardaría en llegar. El sol comenzaba a hundirse en el ocaso.
El muchacho detuvo su intención, preguntándole:
-¿Tienes tanto apuro por irte? ¿Dónde queda tu roga, cuñataí?
-Debo cruzar el río…
-¿Sola?
-Sola vine y sola debo volver. Hace tiempo, ya varias lunas, que los hijos de la mujer que me crió partieron hacia el norte con otros cuimba-é y tardan en volver. Ella me envió… Yo no tengo padres… Murieron en manos de los cambá, cuando yo era pequeña…
-¿Y cómo cruzaste el río?
-En una pequeña canoa que dejé amarrada en la orilla.
-Pero tú eres muy joven para atreverte a andar sola por estos lugares…
-Me mandaron y tuve que obedecer.
-¿No eres miedosa, Ñasaindí?
-¡Claro que lo soy! Muchas veces siento un miedo muy grande; pero debo cumplir lo que me ordenan. A nadie tengo que me pueda defender -agregó la niña con su vocecita triste y los ojos brillantes de lágrimas.
-Desde este momento, y si tú quieres, seré yo quien te sirva de amparo y de guía. ¿Aceptas, yerutí? -le ofreció el muchacho firme y decidido.
-Ñasaindí lo miró. La alegría que le causó el ofrecimiento se transparentó en su dulce mirar y en su sonrisa agradecida, cuando respondió:
-¡Oh, ya lo creo! ¡Muchas gracias!
-¡Seremos amigos, Ñasaindí!
-Bueno… pero no me has dicho tu nombre, ni quién eres… ¿cómo podría encontrarte?
-¡Tienes razón! Soy Catupirí. Mi padre es el cacique Marangatú. ¿Sabes ahora a quién debes buscar? -terminó riendo.
-Neí, Catupirí.
Después Ñasaindí, con su cesta llena de cogollos de pindó, inició la marcha hacia la costa dispuesta a volver a su roga.
La detuvo aún Catupirí. Tenía muy buen corazón y la niña le inspiraba una gran ternura.
El bondadoso muchacho era el menor de los hijos del cacique Marangatú, poderoso y respetado en mucha distancia alrededor de sus posesiones. Desde pequeño, Catupirí había sido preparado en las artes de la guerra por un diestro guerrero de la tribu; pero su madre, que no lo descuidaba jamás, conservó su corazón tierno y su alma pura como cuando era pequeño y le pertenecía por entero. Su bondad era reflejo del tierno corazón de ella.
En ese momento, Catupirí recordó a su madre. Recordó su gran bondad y el cariño que por él sentía y pensó llevar a Ñasaindí consigo, pues se había enamorado de ella y deseaba hacerla su esposa.
Se detuvo un instante pensando en su padre. Él no vería con buenos ojos que su hijo llevara a la tribu a una extranjera, a una desconocida, y menos aún con la intención de casarse con ella.
Pensó un instante, y decidió: la llevaría; pero al principio, por lo menos, la ocultaría a los ojos de su padre. Se la confiaría a su madre.
Estaba seguro de que ella sabría comprender y sin duda llegaría a sentir gran cariño por la joven desamparada, al verla tan buena, tan inocente y tan hermosa… Sin pensarlo más se lo propuso:
-¿Quieres venir a nuestra tribu, Ñasaindí? Mi madre te recibirá como a una hija y te brindará el cariño que hasta ahora te ha faltado. ¿Aceptas, yerutí?
Llenos de agradecidas lágrimas los ojos, Ñasaindí preguntó con palabras entrecortadas por la emoción:
-¡Oh, Catupirí! ¿Es verdad lo que me propones? ¿Tu madre me querrá?
-Sin duda… ¡Puedo asegurártelo! Hay tanta bondad en tu mirar dulce y tanta ternura en tu voz suave, que mi madre se sentirá atraída por ti y serás para ella la hija que no tiene. ¡Ven, vamos!
Tomaron los dos jóvenes el camino que conducía a la toldería y riendo y conversando, llegaron al lugar donde se levantaban los toldos de los súbditos del gran Marangatú.
Atardecía. El cielo, con los más bellos rojos y dorados, parecía sumergirse en las tranquilas aguas del río. Los pájaros retornaban a sus nidos y la flor del irupé cerraba sus pétalos ocultando sus galas hasta que, al día siguiente, el sol, al alcanzarla con uno de sus rayos, volviera a despertarla. La paz y la tranquilidad reinaban sobre la tierra.
Catupirí, ocultando a su compañera, fue hasta su toldo donde la dejó para ir a dar la noticia a su madre.
Nadie los había visto llegar, de modo que le sería muy fácil ocultarla hasta que pudiera convencer a su padre.
Pero Catupirí se equivocaba. Unos ojos que brillaban con maldad lo observaban desde muy cerca…

Hasta el próximo programa con la segunda parte de la leyenda de la mandioca.

Nada como una buena leyenda para ilustrar el lenguaje expresivo y la capacidad de expresar sus ideas y sentimientos usando palabras.

Hablando de los niños, la capacidad creciente de comunicarse con otras personas durante la edad preescolar está vinculada con su aprendizaje general y con su desarrollo en otras áreas, particularmente con las relaciones sociales y el desarrollo emocional.

Desde los primeros años de vida, los niños necesitan tomar parte en conversaciones extensas y sensibles con los adultos sobre temas interesantes  y atractivos.

Los primeros tres años de vida son especialmente críticos en el desarrollo del lenguaje, incluso antes de la etapa en que los niños comienzan a hablar. Para los bebés y niños pequeños, las maestras adaptan su habla al nivel del niño, respondiendo y aumentando las vocalizaciones e intentos de hablar de los niños. Durante los años preescolares, el desarrollo del lenguaje se dispara si se recibe un buen apoyo por los adultos.

Esta es la etapa en que es especialmente importante el que haya y se extienda la conversación de intercambio. Los niños necesitan tomar parte en conversaciones particulares con personas que hablan el idioma mejor y también necesitan tener algo interesante de qué hablar (Dickinson & Tabors 2001). Los temas principales para tales conversaciones pueden ser acontecimientos personales y familiares, experiencias rutinas cotidianas en el aula (como la hora de comer), juegos y el contenido del currículo.

Los niños en edad preescolar deberían tener temas de estudio en el currículo que les proporcione cosas interesantes de qué hablar, como por ejemplo: ciencias, estudios sociales, matemáticas, literatura, artes creativas y otros temas.

En el área del habla y la comunicación, el niño

  1. Desarrolla una capacidad cada vez mayor para comprender y utilizar el lenguaje para comunicar información, experiencias, ideas, sentimientos, opiniones, necesidades, hacer preguntas y otros fines varios.
  2. Avanza en su habilidad de iniciar conversaciones y diálogos con sus compañeros y adultos y responde a ellos apropiadamente.
  3. Usa un vocabulario hablado cada vez más complejo y variado.
  4. Mejora en la claridad de su pronunciación y para hablar con oraciones cada vez más largas y de mayor complejidad gramatical.
  5. Progresa en hablar el inglés, en caso de los niños que no lo hablan.

ESTRATEGIAS: HABLAR Y COMUNICARSE

Para mejorar la capacidad de los niños en comunicarse y usar un vocabulario cada vez más complejo y variado.

  • Entablar conversaciones extendidas y particulares con cada niño entorno a sus experiencias personales o acontecimientos en el programa.
  • Responder a lo que dicen los niños con extensiones y preguntas que señalan las causas y las consecuencias.
  • Introducir palabras nuevas, incluyendo las que tienen muchas sílabas que normalmente no forman parte del vocabulario de un niño en edad preescolar. Use palabras nuevas muchas veces y observe si los niños comienzan a usarlas adecuadamente.
  • Ocupar e los niños en conversaciones sobre acontecimientos, experiencias del pasado, del futuro o de la imaginación de los niños (es decir, hablar fuera de contexto). Tal interacción requiere que los niños y los adultos usen un vocabulario más complejo y variado para dar explicaciones, describir, narrar, dialogar y simular el habla.
  • Hablar de un libro que se vaya a leer a los niños antes de hacerlo, pedirles que predigan de qué se va a tratar el cuento y qué es lo que va a suceder, partiendo del título o la cubierta del libro.
  • Hablar con los niños tras la lectura de un cuento; pídales que lo vuelvan a contar o lo representen. Anímelos a hablar acerca de los personajes y acontecimientos, contestando a sus preguntas y respondiendo a sus comentarios.
  • Escribir los mensajes de los niños a sus padres y otras personas, dictados para los cuadros de experiencias del lenguaje o cuentos y leerlos.
  • Ofrecer áreas de juego de dramatización, accesorios, materiales y temas que fomentan hablar y escuchar, tales como un despacho, la oficina de correos, librería, restaurante, biblioteca, supermercado, clínica médica y una obra de construcción.
  • Participar en el juego para continuarlo si los niños tienen dificultades o para extenderlo y usar más interacción con el lenguaje. Por ejemplo, la maestra puede entrar en el restaurante y simular ser una cliente: ¿Me puede traer el menú, por favor? Deseo algo para cenar. En el juego, los niños naturalmente procuran imitar a los adultos y su lenguaje se hace más complejo y sofisticado. Necesitan muchas oportunidades para practicar tal interacción verbal con otros niños y de vez en cuando con los adultos. (Véanse los ejemplos de las conductas de enseñanza en el cuadro Serie continua de las conductas de enseñanza).
  • Tener la costumbre de darles a los niños suficiente tiempo unos cinco segundos para responder a una pregunta o hacer un comentario sobre la conversación. Los adultos casi nunca dan suficiente tiempo a los niños para responder, lo que hacen es darse prisa respondiendo por ellos o preguntándoles otra cosa. El simple acto de esperar aumenta las respuestas verbales de los niños, especialmente en los niños que tienden a hablar con menos frecuencia.
  • Planear proyectos a fondo con los niños para investigar preguntas o temas de interés que aumenten el vocabulario y proporcionen oportunidades de conversación extendida y de dar distintos puntos de vista.
  • Alentar a los padres a que hablen, lean cuentos a sus hijos o se los cuenten en su casa.
  • Invitar a los padres, hermanos mayores y otros miembros de la familia a hablar con el grupo sobre algún acontecimiento especial o experiencias en el hogar de cualquier tipo.
  • Ser un buen ejemplo en cuanto al lenguaje para los niños. Si fuera posible, sea un ejemplo de la forma normal de hablar gramaticalmente en el idioma materno del niño. Reconozca que hay muchos errores en la forma de hablar de los niños en inglés.

INDICADORES PARA LOS NIÑOS QUE ESTÁN APRENDIENDO EL INGLÉS

  1. Avanzan en escuchar y entender este idioma.
  2. Progresan en hablar este idioma.

El progreso de los niños también depende del contexto dentro del cual reciben servicios. Esto ayuda a mantener un sentido de continuidad entre el hogar y el salón de clase para el niño y les permite estar conectados con su familia y cultura y, de este modo, el proceso de comunicación en el idioma materno no se interrumpe ni se pierde.  Tener una base sólida en el idioma materno puede transferirse a su capacidad de aprender el inglés con menos dificultad.

Para lograr que los niños sean bilingües, el proceso de aprender el segundo idioma en este caso, el inglés debe ser añadido, o sea, que el aprender el segundo idioma no suponga la pérdida del primero. La meta es crear un ambiente de aprendizaje en los programas que sumen y que no resten.  Todos los niños de nuestra sociedad necesitan adquirir el inglés para triunfar en la escuela y en la vida. Ahora pueden lograrlo sin perder su idioma nativo (Cummins 1979; Wong Filmore 1991; Tabors 1997). Es esencial que las maestras hablen de ello con los padres. Las maestras pueden ayudar a que los padres tomen decisiones informadas sobre el idioma que se usa en el hogar. Deben ser conscientes que si se enfocan exclusivamente en que los niños aprendan el inglés desde una edad muy temprana puede significar que pierdan el idioma materno.

Si los padres no hablan bien el inglés y sus hijos pierden el idioma materno, es muy probable que se creen problemas serios de comunicación y de relaciones familiares (Wong Filmore 1991). Los maestros deberían alentar especialmente a los padres a que hablen a los niños y les cuenten o lean cuentos en cualquier idioma que les vaya mejor a los padres, siendo éste un medio importante de ayudar a alcanzar los demás resultados lingüísticos y de lectoescritura deseados. Fortalecer las experiencias del idioma materno en los niños puede considerarse una meta a corto plazo que puede ayudarlos a progresar hacia el logro de la meta, a largo plazo, de comprender y comunicarse en inglés.

Evaluar el desarrollo lingüístico del niño que está aprendiendo el inglés requiere herramientas y pericia especiales. Quizá la estrategia más eficaz de evaluar el aprendizaje del segunda idioma sea el que los maestros observen cuidadosamente a dichos niños e interactúen con ellos de forma regular. Lo más eficaz consiste en evaluar a los niños en el idioma en que mejor se desenvuelven.

Hay demasiados niños, que están aprendiendo el inglés, a quienes se les ha juzgado con retraso en el lenguaje cuando realmente están demostrando las etapas normales de desarrollo del segundo idioma. Los niños a menudo experimentan un periodo de silencio durante algunos meses, en los que no hablan ninguno de los dos idiomas. Los padres y los maestros pueden preocuparse en este período en el que parece que no están avanzando o incluso que están perdiendo terreno. De hecho, este período de silencio, cuya duración varía, puede seguirse por otro de experimentación en el nuevo idioma.

Hay una secuencia relativamente previsible en la adquisición de un segundo idioma, pero debemos tener presente que los niños que están aprendiendo el inglés difieren entre sí, tal y como lo son los niños que hablan el idioma. Varían en temperamento, habilidad, intereses y muchas otras dimensiones. Algunas de estas diferencias afectan su aprendizaje del segundo idioma. Los niños que se aventuran, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de progresar más en aprender un idioma nuevo. Cualquier niño que se siente seguro de sí mismo, a gusto y aceptado tiene mayor probabilidad de motivarse más para aprender a comunicarse con los demás en un entorno nuevo.

Escuchar y entender

  • Progresa en escuchar y entender el inglés, en el caso de los niños que no hablan este idioma.

Hablar y comunicarse

  • Progresa en hablar el inglés, en caso de los niños que no lo hablan.

Para ayudar a los niños que están aprendiendo el inglés a progresar en entender y hablar tanto el inglés como su idioma materno

  • Establecer relaciones positivas, cálidas y formativas con los niños que están aprendiendo el inglés para que puedan sentirse seguros y tengan menos ansiedad. No poder comunicarse crea bastante ansiedad en los niños pequeños, que entonces no pueden aprender nada estando estresados.
  • Hablar el inglés de manera que los niños que no lo hablan lo entiendan: Por ejemplo, use frases sencillas, repita lo que diga, use gestos y expresiones faciales, señale objetos, use un vocabulario corriente.
  • Hablar el inglés claramente y despacio, pero no en voz demasiado alta, simplificando el idioma cuando haga falta, tal y como lo usaría para hablarle a un niño más pequeño que está aprendiendo su primer idioma. Gradualmente, amplíe su vocabulario para que los niños que están aprendiendo el inglés continúen avanzando en el desarrollo del vocabulario y sean desafiados.
  • Ayudar a los niños a vincular el vocabulario inglés a experiencias de primera mano con dibujos, objetos concretos y acontecimientos de la vida real. Al principio, hablen sobre los que pasa aquí y ahora, hasta que los niños dominen mejor el idioma.
  • Respetar y valorar el idioma e identidad cultural de la familia de los niños.
  • Alentar los intentos de expresión de los niños en inglés. Dígales lo mucho que agradece sus esfuerzos.
  • Usar canciones para ayudar a los niños a aprender frases nuevas.
  • Escribir los cuentos que se inventen los niños o grabarlos en su idioma materno, con la participación de los voluntarios, padres y niños mayores que hablan el idioma.
  • Dar apoyo social para los niños que aprenden el inglés, proporcionar contacto regular con otros niños o adultos que hablan su idioma para ayudar a apoyar su identidad y ayudarles a darle sentido a lo que está ocurriendo a su alrededor.
  • Proporcionar mucho tiempo y oportunidades para que los niños hablen entre sí. Emparejar a los niños cuyo idioma dominante es el inglés con los que están aprendiendo el idioma para algunas actividades.
  • Seguir con rutinas previsibles y cómodas para que los niños que aprenden el inglés sepan a qué atenerse.
  • Proporcionar tiempo regular para leer en grupos pequeños usando libros de conceptos o textos previsibles, tales como Brown Bear, Brown Bear, libros en la serie Spot, o la colección de Alma Flor Ada, con un vocabulario simplificado, donde los niños puedan ver claramente los dibujos y seguir el cuento.
  • Leer con frecuencia y en grupos pequeños para apoyar a los niños que parecen estar confundidos o inciertos sobre el cuento.
  • Leer un libro no sólo una vez, sino muchas, siempre que los niños estén disfrutando, para que puedan conocer el cuento y su contenido y texto.
  • Facilitar temas interesantes para estudiar que les dé algo de qué hablar y los ayude a hacer conexiones entre los conceptos y comprender las palabras nuevas que están aprendiendo.
  • Ofrecer oportunidades y apoyo para el juego dado que el interés natural de los niños por jugar y comunicarse con los demás entrega motivación para su desarrollo lingüístico.
  • Ayudar a los niños a adquirir conocimientos, apreciación de los libros, conciencia de la letra impresa y fonológica de su idioma materno, usando a la familia y los miembros de la comunidad como recurso. Una vez adquiridos, estas habilidades se transferirán a medida que los niños vayan dominando el inglés.
  • Incluir textos impresos, tales como letreros y etiquetas, en inglés y en el idioma materno de los niños.
  • Ofrecer libros, revistas, periódicos y otros textos en inglés y en el otro idioma de los niños.
  • Alentar a los padres a hablar con sus hijos y leerles cuentos en su idioma materno y en inglés, cuando sea posible.
  • Invitar a las familias a ocupar a los niños con experiencias culturales y tradiciones orales como contar cuentos y representaciones con títeres en su idioma y en inglés.
  • Proporcionar un centro para escuchar cuentos y canciones grabadas en los idiomas maternos de los niños y en inglés.
  • Invitar a que los niños participen en representaciones dramáticas de un cuento o un acontecimiento, alentándolos a repetir juntos el diálogo, las acciones y frases.
  • Considerar usar el lenguaje por señas junto con las palabras habladas para proveer aprendizaje multi-sensorial.

Las características esenciales que componen un aula de calidad ya sea en Head Start o en una guardería familiar puede apoyar la adquisición de tanto el idioma materno como del segundo idioma. Implementar las estrategias mencionadas anteriormente para mejorar el desarrollo lingüístico y de lectoescritura ayudará a establecer un ambiente en el que los niños puedan fortalecer y ampliar su idioma materno mientras aprenden el inglés.

A medida que los niños se desenvuelven mejor lingüísticamente, sus habilidades en otras áreas aumentan también. Pero las diferencias de las aptitudes lingüísticas de los niños continúan persistiendo entre los grupos socioeconómicos a la hora de ingresar a la escuela. Desafortunadamente, estas diferencias se hacen mayores a medida que pasa el tiempo y contribuyen a la brecha en el rendimiento que persiste en nuestro país. Los programas preescolares deben hacer frente al desafío de acelerar el avance lingüístico de los niños. Pensemos en esto–lo que dice la maestra ¿domina la clase? Cuando las maestras hablan, ¿dan directivas como haz esto o no hagas esto? O ¿están hablando extendidamente las maestras y los niños? las maestras ¿están hablando con los niños de forma cognoscitiva y estimulante?

Los visitantes domiciliarios y los trabajadores familiares también tienen un papel importante que desempeñar en el desarrollo lingüístico de los niños. Pueden ayudar a los padres a comprender la importancia de tener un ambiente rico lingüísticamente dentro del hogar. Pensemos en esto–¿ayudan a los padres a comprender la importancia del desarrollo del vocabulario en los niños? ¿Alientan a los padres a leer o contar cuentos a sus hijos? ¿Hablan sobre extender el vocabulario de los niños o dan el ejemplo de ello, y hacen preguntas atractivas cuando leen o cuentan cuentos? ¿Ayudan a los padres a aprender a usar las rutinas cotidianas como oportunidades para conversar con sus hijos?

El ambiente lingüístico dentro de los programas preescolares, reforzado por el ambiente lingüístico en el hogar tiene implicaciones importantes para aprender en todos los Dominios del Marco de los Resultados del Niño.

Esto es todo por hoy, gracias por su participación, les esperamos el próximo miércoles a las 11:00 de la mañana para juntos….

¡APRENDER Y CRECER!

Recursos

“Dominio 1: Desarrollo lingüístico.”  Guía de los resultados positivos del niño para los que dirigen Head Start. HHS/ACF/ACYF/HSB. 2003. Español.

http://eclkc.ohs.acf.hhs.gov/hslc/Espanol/educacion/eecd/desarrollo-infantil/edudev_art_00011e_102505a.html

VOCABULARIO

  • Ñasaindí: Luz de la luna.
  • Tipoy: Túnica de mujer, sin cuello y sin mangas.
  • Piquillín: Piquilín.
  • Caraguatá: Pita o agave.
  • Chumbé: Cinturón que usan las mujeres para ceñirse la cintura.
  • Tacuarembó: Mimbre.
  • Pindó: Palmera.
  • Isipó: Llana.
  • Maracaná: Guacamayo.
  • Ñandubay: Árbol que da una madera rojiza muy dura e incorruptible.
  • Cuñataí: Doncella.
  • Ruvichá: Cacique.
  • Sagua-á: Arisco.
  • Neí: Sí.
  • Aní: No.
  • Nuné: Puede ser.
  • Jhoriva, yerutí: Feliz, torcacita.
  • Roga: Casa, cabaña.
  • Cuimba-é: Muchachos.
  • Cambá: Personas negras.
  • Catupirí: Diestro, hábil.
  • Marangatú: Bueno, virtuoso.
  • Cava-Pitá: Avispa colorada.
  • Zuiñandí: Ceibo.
  • Irupé: Victoria regia.
  • Guasú: Venado.
  • Añá: Diablo, demonio.
  • Chirirí: Boyero.
  • Mandió: Mandioca.
  • Tupá: Dios bueno.
  • ¡Ma-era!: ¡Hola!

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