Programa 204: Transición del elogio al reconocimiento

Miércoles 12 de agosto de 2015
Programa # 204
Bienvenidos a su programa 

APOYANDO FAMILIAS – APRENDIENDO JUNTOS

Con Romilia Schlueter y Lupita Montoto

Transición del elogio al reconocimiento

Participe en el programa llamando al 321-1480  o enviando un mensaje de texto al 60193

Escucha: 

“Transición del Elogio al Reconocimiento: Brindándole Apoyo Autentico a los Niños “Las motivaciones confiables y duraderas son aquellas que vienen de adentro, y unas de las más fuertes de esas es la alegría y el orgullo que crece del saber que acabas de realizar algo dando lo mejor de ti.”

— Lloyd Dobens and Clare Crawford-Mason

Cuando un niño realiza algo impresionante, en lugar de decir, “Buen trabajo,” intenta uno de los siguientes:

  1. Informe lo que observó (narrando). Una declaración breve y objetiva tal como, “Colocaste tus patos en la tina,” o “Encontraste una solución al problema,” reconoce los esfuerzos de los niños y permite que juzguen por sí mismos los méritos de sus logros. Abunda sobre los detalles de sus acciones para brindar una opinión más específica. Por ejemplo, “Parece que utilizaste azul y verde para crear un océano.”
  2. Relaciónelo con un rasgo de carácter, valor o expectativa deseada. Reconocimiento Positivo y Descriptivo, cuando un niño realiza algo que sea un ejemplo de un rasgo de carácter, valor o expectativa, agregue a sus comentarios frases de expectativas. Por ejemplo, si un niño recogió los juguetes que estaban en el piso diga: “Recogiste los bloques. Estás manteniendo el área limpia y segura.” O si ayudaron a un amigo, puede decir: “Le diste el camión de Bomberos a Juanito. Eso es ser un buen amigo.” Las frases de expectativas brindan definiciones para las palabras de carácter, establece la autosuficiencia, o sea la creencia que uno tiene la capacidad de tener éxito en alguna tarea y ayuda a los niños a internalizar sus conductas.

……Usar el material: Yo puedo ser un buen amigo…. en este espacio.

  1. Acentúe el impacto sobre los demás. Si el niño hace algo bondadoso o que beneficie a la comunidad, reconozca el impacto positivo. Por ejemplo, si el niño recogió y alzó los juguetes que estaban en el piso diga, “Recogiste los juguetes. Ahora alguien más podrá jugar.” O si ayudaron a un amigo podría decir, “Le diste el camión de bomberos a Juanito. Se ve que está contento por tenerlo.” Dichos comentarios establecen un sentido de sociedad, o sea la capacidad de lograr cosas de manera intencional a través de sus acciones.  Al llamar la atención del niño hacia el impacto que tienen sus actos sobre los demás niños.
  2. Haga preguntas abiertas. El ser curioso impulsa a que el niño reflexione. “¿Qué es lo que más te gusta de tu torre?” o “¿Cómo supiste que esa pieza del rompecabezas iba allí?” El realizar preguntas abiertas desarrolla el lenguaje e involucra al niño en el pensamiento abstracto.
  3. No diga nada. Cuando los niños están jugando, a menudo sentimos la necesidad de estar comentando continuamente sobre sus actos. Esto puede ser perjudicial y puede crear una motivación extrínseca para explorar. Permítales a los niños a que disfruten en su propio aprendizaje y permítales que experimenten el orgullo de sus propios logros.

(Adaptado por WestEd CA CSEFEL August 2012 from Hooked on Praise: Quit saying “Good Job!” por Alfie Kohn.)

Usando comentarios descriptivos – un ejemplo del entrenamiento del modelo de la pirámide de desarrollo socioemocional para promover la competencia socioemocional en los niños pequeños de Wisconsin:

Los elogios eficaces tienen dos partes. En primer lugar un adulto expresa su reconocimiento por un esfuerzo específico o contribución. En segundo lugar, un niño llega a una conclusión concreta acerca de sí mismo en base a la afirmación específica. El niño tiene el poder de poseer el logro.

Los comentarios descriptivos ayudan a los niños a mantenerse interesados ​​y motivados. Se esfuerzan por crecer sin ser manipulados o controlados. Los comentarios descriptivos se centran en el esfuerzo, el pensamiento y la resolución de problemas. Puede ser una habilidad difícil de dominar para los adultos.

Contraste los elogios evaluativos con los comentarios descriptivos:

“Qué bonito dibujo hiciste” “Tienes muchos detalles en tu dibujo; es interesante que hayas puesto el rojo sobre el amarillo.”
“¡Bien hecho!” “Tú realmente seguiste las instrucciones y limpiaste los bloques cuando sonó el timbre, ¡gracias!”
“Eres una persona muy generosa,” “Cuando viste que Elías se olvidó de su almuerzo, tú le diste parte del tuyo”

O si desea que el niño se enfoque en el resultado de sus acciones:

“¡Mira la cara de Elías! Se le ve muy feliz porque le diste algo de comer cuando él no tenía nada.”

Algunas frases para empezar un comentario descriptivo pueden ser:
“Veo que eres…” “Gracias por…”
“Me gusta cómo …” “Vi cómo ayudabas…”
“Pensaste bastante y después te…” “Escuché que le decías…”
“¡Eres muy inteligente! Esperaste a…”

No siempre se ha visto el elogio como algo bueno: en realidad, en el siglo pasado se suponía que el elogio malcriaba a los niños. Hoy día, muchos lo consideran como algo que “fortalece la autoestima.”

Dos temas conectan la forma antigua y la forma nueva de considerar el elogio. Un tema es la idea de que la manera en que los niños piensan sobre ellos mismos y se autoevalúan depende de lo que los adultos les dicen acerca de ellos mismos.  El otro es el énfasis constante en lo bueno, lo malo y la obediencia.

El elogio es una forma importante y poderosa de comunicación.  A la autora de este artículo,  Kathleen Grey, le preocupa el uso frecuente del elogio porque fomenta una dependencia excesiva en los juicios externos de otras personas, y no en la evaluación que hace el niño de su propia experiencia.

Ella describió cómo se sintió al usar el elogio en su aula, antes de que aprendiera otras técnicas de manejo de grupo. “Estaba exhausta, tensa, cansada de tratar de anticipar lo que los niños iban a hacer a continuación, y de estar lista para ellos.”  Entonces aprendió acerca de la audición reflexiva, basada en la idea de la audición activa de Thomas Gordon, y esto la hizo cambiar como maestra.

Este tipo de enfoque de la comunicación está basado en la creencia de que los niños nacen con un profundo interés en participar en la raza humana, en aprender sus reglas y en expresar su propio ser. Esto transformó el pensamiento de la autora: de sentirse que necesitaba hacer crecer a los niños, pasó a creer que los niños querían crecer.  Ella descubrió que cuando no lograba guiar a los niños de la forma que ella quería, eso se debía a menudo a que ella no estaba “escuchando” la comunicación del niño.

Las desventajas del elogio que ella descubrió fueron:

  • El elogio es, con demasiada frecuencia, una manipulación. Si haces esto, te elogiaré de nuevo es el sentimiento que el elogio puede crear en un niño.
  • El elogio puede conducir a que los niños se comporten de formas que produzcan el elogio una y otra vez, a que dependan de que el maestro elogie cada esfuerzo o a hacer que en cada experiencia el elogio sea cada vez mayor que el anterior. El elogio puede darle validez a desempeños mediocres debido a que el elogio no toma en consideración la realidad del niño en ese momento.
  • Los niños pueden hacer cosas (como acatar o escuchar) sólo porque el maestro quiere que lo hagan, no porque ellos en realidad quieren hacerlo. La autora propone que los maestros se concentren en la audición reflexiva (también llamada estímulo) y no en el elogio. Estas frases describen, le dicen al niño qué y cómo son sus comportamientos, independientemente del nivel de desempeño. La mayoría de las veces, estas frases comienzan con “tú” o “ustedes” y una descripción de lo que el maestro vio hacer al niño. Por ejemplo, “Tú tienes zapatos azules.”

También pueden comenzar con “Yo” si el maestro está describiendo lo que él o ella ve. Por ejemplo, “Yo te veo jugando al béisbol con Pedro.”  Cuando los maestros usan audición reflexiva, el niño siente que sus comportamientos y su sentido de sí mismo adquieren validación. La premisa de Grey es que los niños merecen validación, no aprobación, de los maestros.

Algunos comentarios sobre el tema:

“Quiero que cuando mi bebé crezca tenga una buena autoestima, y por eso lo elogio cuando hace algo. Los bebés necesitan saber que los admiramos y que creemos que son especiales. Elogiarlos es una buena manera de que ellos lo sepan.  Creo que el elogio no sólo ayuda a los niños a hacer bien las cosas, sino que también hace que quieran portarse bien.”

— Una madre hablando de su bebé de seis meses

“En mi aula hay una niñita de dos años y medio que siempre participa en todo. Los otros maestros y yo la tenemos que poner en receso con frecuencia, ya que es muy difícil de manejar y tiene que aprender a portarse bien. La elogiamos cada vez que vemos que está haciendo algo bueno, de manera que aprenda lo que está bien y lo que está mal.”

— Una maestra en un centro para niños que están aprendiendo a caminar

“Mi nieto padece de parálisis cerebral y tiene que esforzarse más para llevar a cabo hasta las cosas más sencillas sin ayuda. Sus padres siempre buscaban cosas por las que elogiarlo y le decían lo bien que estaba haciendo las cosas. Ellos tratan de asegurarse de que todos el que trabaja con él está dispuesto a hacer lo mismo. Sienten que él no tratará de esforzarse si no lo elogian mucho.”

— Una abuela

“Nosotros tenemos que enseñarle a nuestro hijo cómo comportarse. Como no nos gusta pegarle o avergonzarlo, usamos el elogio para hacer que se comporte correctamente. Pienso que esa es una mejor manera de enseñarles a los niños que la forma en que me criaron a mí: con mucha crítica y haciéndome sentir culpable.” 

— Un padre.

Usar el elogio para enseñar a los niños lo que se espera de ellos es una técnica de enseñanza y crianza paterna relativamente nueva. Hace menos de un siglo el criterio común era que el elogio malcriaría a los niños, y que la crítica y la desaprobación reforzarían el carácter y los convertiría en buenos ciudadanos (Miller, 1983).

Hoy día se acepta comúnmente que la autoestima es la raíz de un carácter sólido y del buen desempeño (Nelson, 1987; Clarke, 1978). De esta idea se ha inferido que los buenos maestros y los buenos padres deben, por lo tanto, desarrollar la autoestima si queremos que nuestros niños tengan un carácter sólido. ¿Y tener autoestima no significa que uno tiene una buena opinión de sí mismo? ¿No les ayudaría a nuestros niños a tener una buena opinión de sí mismos que les indicáramos lo que hay de bueno en ellos y les dijéramos con frecuencia lo buenos que son?

El desarrollo del carácter — Viejos y nuevos temas

Hay dos temas que enlazan la manera vieja y la manera nueva de desarrollar el carácter y de enseñar el buen comportamiento. El primer tema es la idea de que la forma en que los niños piensan de ellos mismos y se autoevalúan depende de lo que los adultos les dicen sobre ellos mismos, y tiene poco que ver con la autoevaluación que hacen los niños de ellos mismos. Este punto de vista supone que las evaluaciones de los adultos son más correctas que las del niño, y que los adultos — mediante la expresión frecuente de sus evaluaciones — tienen la responsabilidad de moldear la forma en que los niños se perciben ellos mismos.  El segundo tema de enlace es el énfasis constante en los conceptos de lo que es bueno, lo que es malo y la obediencia.

El comportamiento puede ser bueno o malo, el auto-concepto es bueno o malo, los sentimientos son buenos o malos, los pensamientos, buenos o malos.

Existe una tendencia de pensamiento según la cual lo bueno y lo malo son  cosas que los adultos definen, sencillamente por la virtud de ser adultos, y no tienen nada que ver con la edad de los niños, su nivel de desarrollo, sus necesidades sicológicas o sus motivaciones internas.  Los adultos tienen la responsabilidad de decirles a los niños lo que es bueno y lo que es malo, y de usar las consecuencias que sean necesarias para hacer que los niños acaten este mensaje.

Así, el comportamiento obediente de los niños es visto como una medida de si los adultos han hecho una buena labor o una mala labor en lo que se refiere a definir y hablar acerca de lo bueno y lo malo.

El pensamiento actual, según lo muestran las frases introductorias de maestros y encargados de cuidar a los niños, reconoce que el elogio es una forma de comunicación importante y poderosa. Puede nutrir el espíritu y hacer mejores las experiencias diarias. Es una recompensa poderosa por el esfuerzo que se ha hecho. Pero, no obstante… es un juicio.  Debido a que los niños dan tanto valor a la opinión de los adultos, los comentarios valorativos frecuentes, aun cuando sean positivos, pueden fomentar una dependencia excesiva en el juicio externo de los demás, lo que hace que los niños devalúen sus propias percepciones acerca de sus aptitudes y capacidades.

Si se usa de forma indiscriminada, el elogio pierde su potencia y se convierte en algo vacío y sin significado alguno.  A muchos de nosotros el elogio nos parece una manera muy buena y positiva de lograr que los niños se comporten. Es una manera de hacer que se sientan bien acerca de ellos mismos, de forma que se esfuercen más en hacer lo que deben hacer.

Nos felicitamos de haber abandonado el uso de la crítica y que la hayamos cambiado por la enseñanza con elogio. Lo que somos incapaces de ver es que el elogio es, sencillamente, la cara positiva de la crítica, que ambos presumen de que una persona tiene el derecho de imponer su juicio sobre otra.

Como persona adulta, ¿no ha tenido usted alguna vez la sensación de que su desempeño en el trabajo o en la clase fue mediocre, y sin embargo ha oído a su supervisor decirle “¡Buen trabajo!” o ha encontrado que su ensayo escolar obtuvo “A”? Después de eso, ¿siguió usted pensando lo mismo acerca de su desempeño, o lo revisó inmediatamente para ajustarlo al elogio que había recibido por parte de “una persona con autoridad”? ¿No se cuestionó el elogio y pensó en lo que usted había hecho para lograrlo? ¿Le ayudó el elogio a entender por qué fue un “buen trabajo”? ¿O, sencillamente, le hizo preguntarse qué tendría que hacer la próxima vez para ganarse nuevamente ese comentario?

¿Podemos hacer que un niño se sienta bien acerca de sí mismo?

Volvamos a la discusión anterior acerca de por qué usamos el elogio… para hacer que los niños se sientan bien consigo mismos. ¿Cuál es el concepto erróneo que se esconde en esta frase? Es la idea de que nosotros podemos hacer que las personas se sientan de una manera determinada. Esa es una tremenda responsabilidad… la suposición de que si alguien no se siente bien acerca de sí mismo, yo tengo el poder, y por tanto la responsabilidad, de hallar una manera de hacer que esa persona vuelva a sentirse bien acerca de sí misma. Así, la elogio con “¡Hiciste una buena labor!” o “¡Qué bien lo hiciste!”

¿Es esto una validación de quién él o ella cree ser? ¿Puede esa persona usar esos comentarios para crear un estándar confiable de competencia para sí misma, una norma que ella pueda tomar como auto-referencia, de forma que no tenga que estar dependiendo constantemente de las opiniones de los demás?

Esto es todo por hoy, gracias por su participación, le esperamos el próximo miércoles a las 11:00 de la mañana para juntos….

¡APRENDER Y CRECER!

Fuentes de Información utilizadas para este programa:

Centro de Ayuda Técnica para la Intervención Social Emocional para Niños

www.challengingbehavior.org

Este documento es público y puede ser copiado/reproducido sin permiso alguno.

La reproducción de este documento es altamente recomendada.

Hecho en colaboración con el centro PACER (Coalición de Abogacía de Padres para derechos educativos)

El Elogio no se Elogia: Out of the BOX Training – EXCHANGE

Teaching pyramid: http://cainclusion.org/teachingpyramid/materials_classroom.html

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